Dejo algunas fotos que saqué de la muestra que inauguré hace unos días en el Ateneu Municipal de Rubí. Lo cierto es que siempre hace ilusión ver los marcos colgados.


Además, el edificio de estilo colonial modernista, es un lugar cojonudo para montar exposiciones.

“La señorita Walder era muy bella y figuraba como la discípula predilecta del general Albert Pike, fundador del Palladium, el rito reformado. Estaba en posesión de un genio diabólico, una mirada glacial y sabía muy bien lo que se hacía.
La señorita Walder obligaba al diablo a aparecer en persona. La primera vez que lo hizo resultó una cosa horrible, pero aseguró de este modo su jefatura vitalicia. El doctor Bataille, afamado ocultista, nos lo cuenta en su “Diable au XIX siècle”: <<Acaeció en casa de madame X., un sábado por la tarde, día consagrado a Moloch. La guapa Sofía Walder no había prevenido a nadie de sus propósitos, y empezó a pronunciar siete veces el nombre del Anti-Cristo, que es Apollonius Zabah. Recitó en seguida la invocación a Moloch, excusándose humildemente por llamarlo sin los accesorios habituales y rogándole que se apareciera a la concurrencia sin hacer víctima alguna.>>
[…]
Nadie supo del destino de Sofía Walder y su imagen se hundió en la más profundas tinieblas. Años más tarde se dijo que unos magos de Lisboa le habían cortado las manos y que éstas respondían moviéndose a quien las interrogaba. Muchos se pusieron a buscar estas mágicas manos, y las hubieran pagado a peso de oro, pero nadie las encontró a buen seguro. Como dicen los franceses, ésta es una historia para dormir de pie. Sin embargo, conozco a aficionados, de piel lívida y fría, que todavía las buscan en las tiendas de los taxidermistas y de los anticuarios y traperos, en los museos, e, incluso, en los suburbios y descampados de las grandes ciudades, allí donde los muchachos juegan al fútbol junto a los altos edificios en construcción, entre los cascotes de los derribos y la escoria, porque todo es posible hallar en esos lugares: las manos de Sofía Walder, la flor embrujada y gris de la miseria o la palabra maravillosa que habrá de hacer saltar al mundo en mil pedazos”.
Texto: Joan Perucho